La idea de fugarme al espacio
me acompaña hace muchos años.
Sin darme cuenta, en silencio,
la fui construyendo en mi mente
con palabras, sonidos y colores.
Disfrazada de estrellas
de planetas
o de nuevas tierras
se fue camuflando de un año a otro
deslizándose
en forma de planes y de sueños.
Tardé tiempo en descubrirme
en entender que lo que tanto me atraía de allá afuera
no eran los destellos
ni los misterios,
sino
la distancia.
Una curiosidad fuerte como el destino
por esta soledad extrema
que me enfría el alma como vidrio
por este silencio total
que montado sobre el barullo de los motores
me acompaña
cada vez más lejos.
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