Tres años atrás, la policía de San Jerónimo intentó atrapar a un asesino serial apodado El Chacal, tendiéndole una trampa. A instancias de la Inspectora Ana del Barco, una oficial había sido enviada como señuelo. Pero el asesino fue más veloz, y la joven acabó muerta.
Desobedeciendo las órdenes de su jefe, el Comisario Spaciutto, y ante la impotencia de no haber podido evitar el fatal desenlace, del Barco y su entonces compañero, Gerardo Roca, salieron en persecución del asesino. Una vez más, las cosas se complicaron y un disparo certero, acabó también con la vida de Roca. El criminal desapareció después, entre las sombras.
Lejos de poder convivir con sus recuerdos y atrapada en el dolor de sus culpas, Ana del Barco solicitó su traslado, que la depositó en el cercano pueblo costero de Canalejas donde, luego de la feliz resolución de un único caso durante el año anterior, y habiendo caído en una espiral sin salida en cuanto a su mayor desafío personal —atrapar al Chacal—, su vida se vio sumergida en algo cercano a la depresión.
La probable reaparición del asesino de sus compañeros la despertará como una bofetada y la pondrá de nuevo en acción. Esta vez no se le escapará. Aunque se le vaya en ello, su propia vida.
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