"Los archivos de los muertos (La maldición de Ellos) PERSONAJE DE LA NOVELA
Tiempo actual.
Madrid, Noviembre, once de la mañana.
La luz que se colaba por la ventana despertó a Aixa. Habían pasado veinticuatro horas, sin sus hijos. Le parecía una eternidad. Lanzó la botella de whisky contra la puerta del pequeño apartamento. Se acercó al balcón de una octava planta, un salto al vacío acabaría con su sufrir, pensó Aixa.
En ese preciso momento sonó el timbre de la puerta. No quería abrir, no deseaba ver a nadie, ni que la viese nadie en su estado, apestaba a alcohol. Pero Aixa pensó, podría ser su abogado con buenas noticias. Abrió la puerta. William entró, cerró de un portazo.
— ¿Aixa, por qué no me coges el teléfono?
— ¡William, me han quitado a mis hijos, sin ellos no quiero vivir!
El muchacho cogió una botella del suelo y la puso delante del rostro de Aixa.
— ¿Y tú piensas que con esto los vas a recuperar, emborrachándote?
—Ya he agotado todos los recursos, ya no me queda ni un euro, nada, y el viernes tengo que abandonar el apartamento. Estoy desesperada, ya no sé qué hacer.
—No debes darte por vencida, tienes que luchar, y por el apartamento no te preocupes, yo también tengo que abandonar el mío, hace meses que no puedo pagar el alquiler, así que me vuelvo a Escocia, dijo William preocupado por su situación.
— ¿Y cómo lo vas hacer, si no tienes dinero?
—El viejo escoces, mi casero, tiene en el garaje una caravana y, bueno, ya pensaré que hacer, puedes venir con nosotros Aixa.
— ¿Y qué voy hacer en Escocia?
—Ganar dinero, y cuando seas más rica que tu ex, recuperar a tus niños, y ahora recoge algo de ropa y te vienes para mi apartamento, tenemos muchas cosas que hacer.
Aixa cogió ropa de abrigo y las metió en su maleta y se fue con William.
Aquella mañana William y Aixa revisaron la caravana del viejo Elliot, el casero de William.
—De motor y de ruedas está bien, arranca a la primera, —le comentaba William a Aixa mientras comprobaba el aceite y el agua.
—Su interior está equipada de todo, la cocina funciona perfecta, hay mantas y linternas, solo habría que limpiarla un poco y meter víveres para los cuatro, —dijo Aixa.
—Seremos cinco, —dijo William.
— ¿Vas a llevar a ese que abandonó a sus hijos? Preguntó Aixa un poco disgustada.
—Nos guste o no, él es quien tiene el dinero, así que vendrá con nosotros, —le contestó William.
— ¿Tú crees que te denunciará el viejo Elliot, cuando vea que les has robado la caravana?
—Posiblemente sí, pero tardará, nunca la coge, está en el garaje sin usar, cuando el viejo la eche en falta, ya estaremos en Escocia.
—Estamos locos, —dijo Aixa con una leve sonrisa.
—La vida nos ha vuelto locos, —dijo el muchacho.
— ¡Eh, William! Mira este mapa, creo que es muy interesante, está señalado por una ruta poco transitada, eso puede ser que nos interese.
—Sí, le echaremos un vistazo.
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