Busco su rostro, el sonido sordo de sus días, su corazón pedestre de gigante, el espíritu aleatorio que le vive, las murallas que ha vencido en la faz innumerable de los vientos, en la ancha cadera de este mundo.
Buscando estrellas y soles milagrosos, cayendo del pináculo de mi alma, llego a los abismos sin fronteras.
Encuentro las plegarias soterradas que me habitan, los salmos que me fluyen en la sangre, el remoto parpadeo de un ancestro.
Más allá de mí, en el fondo donde rondan los arcánge
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