La compré en el rastro, muy bien de precio. Era una Singer antigua, con mueble y pedal originales. El trapero insistió en que funcionaba perfectamente, quizás temiendo que regatease el precio. Sonreía de un modo extraño cuando le aseguré que no importaba, que solo la quería como objeto decorativo. Mientras la cargábamos en el coche me recomendó que la engrasara de vez en cuando. “Funciona sola”, aseguró. No mentía. Una vieja, de manos traslucidas, me ha reformado todo el vestuario. No tiene mala
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