Diego, un adolescente de 19 años, descubre que va a quedarse ciego el mismo día que conoce a Adrián, con el que tiene la cita perfecta. Diego pinta en su pequeño estudio, una lonja llena de moho, en lo que él ha denominado su año creativo, su madre, en cambio, quiere que estudie derecho, como su difunto padre. Diego y Adrián se vuelven a ver, en esta segunda cita Diego descubre que Adrián es todo lo que estaba buscando.
A Diego le rescinden el contrato de su pequeño estudio y Diego decide rescindir su relación con Adrián, por puro miedo, porque no ha hablado con nadie de su inminente ceguera. Diego entra en un proceso autodestructivo, comienza a correr hasta desfallecer, a tener sexo esporádico con desconocidos, a drogarse.
Una noche, hasta las cejas de popper y mientras folla en un baño, Diego consigue decir en voz alta “voy a quedarme ciego” y comienza a llorar desconsolado, su acompañante huye. Tras esta catarsis, Diego comienza a abrirse a su entorno y a aceptar su nueva situación. De pronto, Adrián reaparece en el trabajo de Diego, con dos entradas de cine. Diego decide darse una oportunidad y acepta la invitación. Retoman la relación y esta fluye, y Adrián se muestra compresivo y atento, tal vez demasiado, con la situación de Diego.
Diego comienza a tener sus primeros achaques, su vista se reduce y comienza a ver borroso, Adrián sigue mostrándose implacable en su forma positiva de ver la vida, a Diego le empieza a reventar eso y poco a poco a Diego le vuelven a entrar los miedos y las inseguridades y con ello la rabia. Termina rompiendo con Adrián, esta vez definitivamente.
Años después, Diego, prácticamente ciego, prepara su primera exposición de su obra, con la esperanza de que Adrián aparezca.
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