Los primeros seres humanos, la primera pareja, los primeros padres, cuyos nombres serían recordados hasta el fin de los tiempos: Adán y Eva. El hombre fue esculpido con polvo y la mujer con la costilla de su pareja. Ambos vivieron felizmente en un hermoso paraíso bautizado como Jardín del Edén. Sin embargo, desobedecieron una de las órdenes de su creador: Comieron del fruto prohibido, seducidos por un animal parlante, y fueron desterrados del jardín, condenados a la mortalidad y al dolor.
Desde los cielos, un arcángel, vistiendo prendas azules, observó el castigo de Dios y sintió pena por aquellos dos individuos, con sus alas descendió a la tierra y les entregó su libro, que contenía los conocimientos para poder comprender mejor a su Padre y encontrar el camino a su hogar. Sus ángeles subordinados, indignados por su desobediencia a las órdenes directas de Dios, decidieron robarles el libro a Adán y a Eva después de que su jefe regresara al reino de los Cielos y lo arrojaron al mar. El alado fue sometido a un humillante castigo: Fue despojado de sus alas y desterrado del reino, condenado a la vida humana.
Cerca de tocar la mortalidad, el ahora ángel caído fue transportado a una realidad alterna del reino de Dios: El cielo rojo y grisáceas nubes, el suelo reseco y agrietado y la ausencia de la vida vegetal y animal era notoria. Un hombre de su misma estatura y vistiendo de negro hizo presencia, a quien reconoció enseguida y ambos se dedicaron una mirada llena de seriedad y rencor hacia la misma persona, le ofreció su mano derecha y el azulado la estrechó, poniéndose de pie.
─No es más que un manipulador ─dijo Lucifer decepcionado.
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