“La casa del horizonte”
Aquella casa no es casa,
a veces apena es mía,
solitarios cuadros, solos,
en la pared fría, silenciosos.
La casa no mira al mar,
el mar mira hacia la casa,
en las ventanas…
llora el naufragio.
Por la otra orilla,
donde duermen los sueños,
la sonrisa perdida,
y los días en letargos.
Allá, a lo lejos,
se divisan palabras
de oscuras sombras
y dañinos vientos.
El tiempo está atado,
-ya lo he dicho-
la muerte es una silla
el dolor un cansancio.
A veces, cuando se empaña
el cristal del horizonte,
un nuevo amanecer
brilla para limpiarlo.
Y, la silla es una esperanza
donde descansa el cansancio.
Autora Lola Barea.
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