Hervía España, y principalmente Madrid, en riñas, robos y asesinatos. Pagábanse cada día muertes, y ejercitábase notoriamente el oficio de matador; violábanse los conventos, saqueábanse iglesias, galanteábanse en público monjas, ni más ni menos que mujeres particulares; eran diarios los desafíos, las riñas y las venganzas
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