L a violenta naturaleza del general Millán Astray, el glorioso mutilado, su histrionismo, su esperpéntica muñequización; la beatería, que no la beatitud, de Carmen Polo, calculadora, vacío su pecho para los afectos, para el amor, clasista, sin piedad para los distintos, pese los rosarios, las misas y los santigüeos; los silencios del general Franco Bahamonde —Franquito, el cuquito, siempre a lo suyito—, no de inteligencia, sino de nada que decir, de verlas venir, a lo gallego, con la cruelda
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