Abril ha sido un mes flojito en cuanto al número de lecturas, pero no es el número lo que cuenta, ¿no?
Fui a examen a mediados de mes y el aumento en las horas de estudio supuso un aumento de las horas delante de la televisión en detrimento de las horas de lectura. Porque, aunque esté todo el día con el culo pegado a la silla, estudiar cansa y mis neuronas, al borde de la extenuación, me pedían un poco de caja tonta en vez de algo más intelectualoide. Esto se reflejó el número de libros leído,
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