Rose Mckay y Colson Dexter no se soportan. Desde que Rose llegó al Winston High, han estado lanzándose pullas y metiéndose en problemas. Sin embargo, ahora han llegado demasiado lejos. En una de sus catastróficas peleas, han terminado destrozando el decorado de la próxima obra de teatro que va a realizarse en el instituto. La directora Iwasaki, los castiga obligándolos a arreglar juntos todo el decorado que han roto. Y es ahí cuando empiezan a cambiar las cosas entre ellos. Rose y Colson no tardan demasiado en darse cuenta de que, a veces, el odio está demasiado cerca del amor.
Colson pasa de no querer verla ni en pintura, a propiciar encuentros “fortuitos” con Rose, como por ejemplo convenciendo a su profesor de Filosofía para que los ponga juntos en el próximo trabajo que tienen. Rose se adentra en la vida de Colson, conoce a su familia y descubre que el perfecto y popular Colson Dexter es en realidad un chico que se siente culpable por la muerte de sus padres, quienes hace dos años murieron en un accidente de tráfico mientras iban a la casa que tenían en el lago a detener una de las tantas fiestas que daba allí su hijo. A Colson lo atormenta la culpa, y Rose parece ser el camino hacia su redención, ya que todo es mejor con ella.
Para sorpresa y dolor de Colson, la confesión de su primo Will —fue él quien llamó por teléfono a sus padres para avisarles de la fiesta, provocando así que estos tuvieran el accidente—, termina por romperlo del todo. La familia en la que confiaba le ha estado mintiendo y Rose se convierte en su único salvavidas. Pero es ella la que lo incita a perdonar a su familia y liberarse, preparando así el terreno para la muerte de Lando, el perro de Colson y lo último que lo unía realmente a sus padres.
En el epílogo, cinco años después de la muerte de Lando, Rose lleva a Colson a adoptar un cachorro, empezando así un nuevo ciclo en la vida de ambos.
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