Rafael tiene veintisiete años y un futuro inmediato que dista mucho de resultar prometedor: con una beca de doctorado a punto de terminársele, una tesis —sobre el Doppelgänger en la literatura— tan solo esbozada y una novia provinciana y forrada colmo de la normalidad más asfixiante, el narrador de esta novela vive su último curso como estudiante sumido en una desesperación y frustración constantes. Cuando en la Salamanca donde vive comienzan a producirse una serie de brutales asesinatos coincidiendo con las fiestas estudiantiles más concurridas del año, Rafael comenzará a preguntarse si será su yo más inhibido y salvaje el que está sembrando de sangre las calles de la ciudad helmántica, razonable duda que dará pie a un desestabilizador viaje hacia la locura que cambiará su vida para siempre.
Escrita en una adictiva primera persona y con un humor negro que impregna cada página, El asesino fuera de mí se lee como una sorprendente renovación pop del terrorífico tema del doble identitario tan usado en el pasado por escritores de la talla de Poe, Stevenson, Wilde o Dostoievski. Una lúcida indagación en la angustiosa sensación de ser joven en la España de la crisis económica, así como una demencial alegoría moderna sobre la dualidad que todo ser humano —especialmente si todavía está en edad de madurar— lleva consigo en su interior.
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