-Estás muy perdida -escuché una voz parecida a la mia. Abrí los ojos y me incorporé. Mi cuerpo pesaba muchísimo y me costó despegar la espalda del colchón. No podía echar mano de mis recuerdos, no era capaz de acceder a la parte del cerebro donde se encontraban las emociones. No sabía reaccionar, como si una parte estuviera muerta. -¿Esto te hace feliz? -escuché que repetían. Apoyé un pie en el suelo y aparté una botella vacía de ginebra. La cabeza venció y se cayó entre mis piernas antes de que
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