Yo era, cómo decirlo, una especie de chico de los recados. O un asistente, aunque en realidad, para qué negarlo, solo estaba allí para hacer lo que esas cuatro mujeres me mandaban. Esas cuatro mujeres eran mi madre y sus tres hermanas. Es decir, Carmen, Ángela, Conchi y Josefina. Se juntaban cada quince días en casa de Conchi para jugar a las cartas, básicamente al chichón, aunque también le daban a la brisca, al cinquillo…Continúa leyendo Transespecie
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