Luego del fallecimiento de Nacho nada pareció tener sentido para Igal. En todo momento el recuerdo de ese amor invadió (aún lo hace) su corazón y sus pensamientos. Es que todo es tan difícil sin él últimamente...
El mundo siguió girando y lo encontró (también reencontró) con otros rostros, con quienes estuvo obligado a continuar. En medio del dramatismo cotidiano, ¿encontrará valor para hacerle frente a situaciones tan difíciles como la misma muerte?, ¿podrán los recuerdos ser un bálsamo para aliviar nuevos dolores? Porque la vida no se detiene y hay que ser valientes para vivirla.
La saga llega a su fin tocándonos cada fibra e irremediablemente tendremos que tomar partido con el protagonista... Elegir si morir o seguir viviendo. Por fortuna, el amor propone muchas maneras y quizá, desde otra dimensión, Nacho esté haciendo un guiño para que quien fuera su gran amor siga sonriendo.
Aunque otros brazos lo rodeen, siempre quedará en el alma de Igal el recuerdo del hombre a quien amó y que, un buen día, tuvo que tatuarse en la piel para no olvidar sus besos.
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