Otra vez discutieron.
Creo que era por las horas que pasaba Frank con sus amigos o algo por el estilo. La cosa que Amanda no paraba de gritar:
—Siempre llegas borracho. Dios, estoy cansada, no tengo porqué aguantarlo más.
—No seas exagerada —Dijo él— A veces llego un poco mareado.
— ¿No te da vergüenza admitirlo, eh? Quiero que saques tus cosas ahora mismo.
— Oh, cariño, cierra la boca.
—Yo me callo cuando se me dé la gana. ¿Me escuchaste, estúpido!?
Frank fue hasta la cocina y sacó el cuchillo
All rights reserved