No solíamos usar la terraza. Alguna vez salíamos a regar, pero poco. Demasiado soleada, demasiado ventosa. Un día, nació una seta en la maceta del triste cactus. A partir de ese momento, se veía más feliz. Se enderezó, echó raíces. Le brotaron flores en lo alto y le sonreían los pinchos. Luego, emergió otra en …
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