Calles tranquilas, vecinos con jardín, vecinos con los que compartir una cerveza en el porche mientras ves el partido de baseball en la televisión, un lugar donde tu hijo pueda construir una casita en el árbol y tu mujer cocinar un delicioso apple pie recién horneado. Bienvenido a Urbanización Paraíso. El lugar perfecto donde cumplir el sueño americano… El lugar donde todo el mundo querría estar… Hasta ahora.
Y es que a Urbanización Paraíso acaba de llegar un nuevo vecino: El señor Cursach: sesentón, maleducado, inflexible, impertinente, ruidoso, incivilizado… En definitiva: una piedra lanzada en un lago en calma. Al día siguiente de la llegada del Sr. Cusach a la Urbanización Paraíso, la vida en el paraíso se convierte en un infierno. Y… seamos sinceros… ¿Quién está dispuesto a perder el paraíso? Los vecinos de la Urbanización Paraíso no, desde luego.
Y, aunque su primera intención, como perfectos vecinos, es pacífica y dialogante… De nada sirven las palabras con el sr. Cursach. Ni siquiera sirve recurrir a la justicia. Están solos. Solos frente a él. Y el Sr. Cursach parece un hueso duro de roer. ¿La única salida? Pasar a la acción. Y si eso significa conspirar en su contra… Los vecinos de la Urbanización Paraíso están decididos a hacerlo con tal de que ese hombre se marche para siempre…
Lo que ninguno de ellos espera es que el perfecto plan para que el Sr. Cursach se vaya pueda terminar de un modo tan… inesperado. Es decir… con el Sr. Cursach muerto, convirtiendo a un grupo de adorables vecinos en homicidas involuntarios.
¿Qué hacer ahora? ¿Ir a la policía? ¿Confesar? ¿Perderlo todo? ¿O callarse? Si nadie dice nada podrán seguir con sus vidas y enterrado el Sr. Cursach, ¿quién va a saber la verdad?
Nadie… ¿o quizá si? Porque un nuevo inquilino está a punto de instalarse en el vecindario. Es guapo, es joven, es amable y es policía. Un policía que ha llegado a la urbanización decidido a averiguar la verdad sobre la misteriosa desaparición del señor Cursach.
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