Él no conocía el significado de la bondad… hasta que tuvo que inventarlo por ella.
Cruel, sin compasión, ambicioso, egoísta y arrogante. Existen demasiadas formas de describir a Vladimir Petrov, y ninguna es positiva. Heredero de una de las dinastías más poderosas de Rusia, hijo único y marcado por un pasado manchado de sangre, jamás imaginó que algún día tendría que compartir su mundo con una “hermana”: la hija de la nueva esposa de su padre.
Aurelie.
Una presencia imposible de ignorar. Una belleza peligrosa de ojos negros que parecían hipnotizar y un secreto capaz de destruirlo todo si sale a la luz.
Vladimir no confía en ella. Nunca lo hace. Pero lo que comienza como desconfianza se transforma en una obsesión difícil de controlar. Necesita descubrir qué oculta. Necesita romperla. Exponerla.
Sin embargo, el juego cambia cuando una alianza externa amenaza con arrebatársela. Un poderoso mafioso turco reclama la mano de Aurelie, un compromiso que la sacaría del alcance de Vladimir para siempre.
Vladimir no la ama, pero lo que siente por ella es lo único que supera su desprecio por los turcos que intentan invadir su territorio. No confía en Aurelie, y por eso mismo, no puede permitir que se marche. La solución es tan oscura como su propio apellido: un matrimonio forzado que la encadenará a la dinastía Petrov.
Él dice que lo hace para vigilarla. Dice que es para proteger los intereses de su familia. Pero en el fondo, Vladimir sabe que la verdadera razón es que no soporta la idea de que otro hombre sea quien finalmente logre destruirla.
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