Rozaste mi alma con una suavidad desconocida, no merecía las muestras a las que tú llamabas cariño, no podía comprenderlas, aun así seguías intentándolo con mucha serenidad. Enseñarme con pequeños gestos era la meta, pero me atormentaba el desconocimiento y me enfurecía, sí, me encolerizaba, dudaba, ¿cuáles podían ser tus razones? Toda aquella claridad me acobardaba, era débil, pero no querías verlo.
En mí siempre se halló un cuerpo impedido a amar.
Y lo sabía, presentía que un día me obligarí
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0