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Barro
11/18/2012
El maestro alfarero ya no puede trabajar. Al maestro alfarero se le ha muerto la hija.
Se levanta al alba de unas noches centinelas, acechado por sueños de amargo despertar. Traga unos sorbos de vino acompañado con algo de pan para acallar el reclamo de la vida.
Cruza el campo de espigas con un paso hipnotizado, hacia el taller de la colina. Se sienta delante del torno, coloca una pella de barro y apoya su pie en el pedal, imprimiéndole un ritmo constante, cansino, sin fin.
El barro gira, gi
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