Quise escribir tu nombre. Una letra tras otra, despacio, con grumos de chocolate tomados al vaso de Nocilla, resbalando por el dorso de tus piernas.
Quise escribirlo sin temblar, con pulso firme, trazando incluso la tilde en la í, la vocal que alargo cuando te pronuncio para retenerte en mí, como muriendo en tus labios, o naciendo en tus pechos, o abrigándome en tu cálida vagina cuando me llama.
Quise trazar la línea perfecta, que cubriese cual logotipo, tus dos hermosas nalgas, tendida, como
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