Vera, madre de un recién nacido, lucha por encontrar su espacio sagrado entre el caos. Mientras que espera que la lavadora en la lavandería de su barrio termine, aprovecha a hacer lo que más desea: escribir.
Con un hijo hambriento y reacio a aceptar su leche le recuerda de su fracaso como madre, y artista. Renuente, llama a su pareja por apoyo pero este llega enfadado por el descuido de la madre.
Desesperada por la situación Vera, hace lo que tenía que hacer desde el inicio- buscarse un hueco para ella misma y huir de su realidad- hasta que en su camisa se forman dos aureolas alrededor de sus pechos recordándole que no tiene mucha más opción que ser lo que más necesita su hijo: su alimento.
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