Edmond Jabès y José Ángel Valente fueron dos poetas heterodoxos del siglo XX que escribieron desde la voluntaria ausencia de sus márgenes. Ambos fueron autores híbridos e inclasificables, dos voces versadas en múltiples tradiciones literarias que se entrelazaron en su nomadismo y su exilio, que se reconocieron por escrito en su silencio y su retracción hacia la nada, que entendieron que todos somos igual de extranjeros y que el fuego del verdadero hogar reside en la palabra. Nos encontramos ante dos orantes del verbo situados en un espacio virgen de creación a la intemperie, el no-lugar de un desierto en el que es posible entregarse a una escucha y una receptividad pasivas pero conscientes. Ambos concibieron el lenguaje como espacio del ser o cárcel emancipadora de la voz, casa del errante o elemento constructor de su morada, y desde la materia oscura de las tinieblas lograron insuflar hálito al limo, elevar la raíz al lugar del canto, y que la "palabra-matriz" y el "antelibro", finalmente, "per aspera ad astra", ascendieran al reino de los pájaros.
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