Carmen Ureña, fotógrafa de guerra, sigue una pista maldita: cadáveres marcados con símbolos que no pertenecen a ningún idioma, un sacerdote que exorciza con crucifijos afilados, y una niña desaparecida cuya voz atraviesa los sueños.
Colmillo, el sacerdote, lleva cicatrices que no sanan y fe convertida en arma. Saga, la niña elegida, es más que víctima: es canal. Juntos entran en el Valle del Nombre Roto, donde las palabras enferman, las ciudades caídas escriben solas, y el fuego ya no arde: canta. El Verbo —entidad viva, sin rostro— busca un nuevo testigo.
Con ecos de Silent Hill, House of Leaves y los Evangelios Apócrifos, esta novela convoca horror litúrgico, imágenes imposibles y un relato que no termina al cerrar el libro.
Porque si lo lees…
…el Verbo ya te ha leído.
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