El sabio entra en el bar, son la 10 de la mañana. Triunfal, imponente, con su estupenda forma de andar, como lo haría un mariscal pasando revista a sus tropas. Orgulloso. Lleva el pelo más corto de lo habitual, parece habérselo cortado él o alguien que no lo aprecia demasiado. La barba cana le da entidad suficiente para hablar y le gusta hablar. Se acerca a la barra y pide un vaso de agua. Mientras se lo traen se apoya y sostiene su cabeza con ambas manos, hoy no tiene buen aspecto. Se levanta
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