A veces cuesta que a una la dejen vivir tranquila. A veces, es una misma la que no se deja vivir en paz: la duda, ya se sabe, es la peor enemiga del progreso.
Y en estos relatos hay muchas dudas: de una misma, de lo que se es, del propio consistir de la existencia, de cómo logra una encontrar su lugar en el mundo, de cómo hacer (como decía Miguelito, el amigo de Mafalda) para que la vida salga bien.
Las dudas implican búsquedas y la indefinición no puede sino dar con algo indefinido, tirando del hilo de Ariadna en laberintos que parecen estar afuera en forma de lugares incómodos pero que en realidad reflejan una falta de acomodo interno. Un espacio que no termina de dibujarse, un hogar que no llega. A veces parece que lo has encontrado, pero no, no era eso, no era ahí: a veces se olvida lo que andabas buscando.
Esto es lo que tendrían en común las mujeres de estos diecisiete relatos (y el único hombre que los habita como protagonista), contando sus historias a veces desde sí mismas, otras desde fuera, y siempre haciendo uso de un cierto sentido del humor, a modo de tabla a la que aferrarse en medio del oleaje de la vida.
Las historias giran en torno a la soledad y al amor o, más certeramente, al anhelo de amor (que no es exactamente lo mismo que el desamor, aunque a veces se le asemeja) como una cuestión existencial. Un eco a la pregunta, tan interesante como dolorosa, formulada por Carver “¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?”.
En fin… que si podéis dejarme vivir tranquila.
Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 4.0