La rosa carmesí, se ha marchitado.
El rubor que cubría mis mejilla,
en pálida blancura ha devenido,
la pasión que otrora sacudía mis entrañas,
vuelta abulia ingrata y desidiosa
ha cubierto de tedio nuestra vida.
Ya no espero tu llegada
envuelta en fragantes gasas,
ni con flores en el pelo
o caricias embozadas.
Ya no corro al lecho compartido
ansiosa de tu cuerpo y de tus ganas,
como dije:
la pasión que sacudía mis entrañas,
marchitó
como la rosa carmesí de mi ventana.
GNU Free Documentation License 1.2