La libertad es abstracta. No la puedes tocar, pero la sientes dentro de ti. Es un suspiro antes de dormir, el piar de unos pájaros o la brisa del mar acariciando tu pelo.
El rugir de un león en la sabana africana, el crujir de un iceberg contra otro en la Antártida, unos delfines jugando en el océano o la cometa de una niña comenzando a volar.
Son tus ideas fluyendo como una cascada de tu mente a tu boca, la sonrisa de la persona que amas, escuchando embobada lo que cuentas, el nombre de una canción de Jose Luis Perales o el deseo de miles de personas contra la sociedad que les oprime.
Todo eso, se puede resumir en una palabra. Una grande y hermosa que puede abarcar tanta ilusión y ser tan poderosa, pero, al fin y al cabo, es una palabra. Todos la conocemos y hemos pedido alguna vez.
La libertad es un deseo, un sueño, una meta que algún día alcanzaremos, porque con esfuerzo y tenacidad, se acaban todas las carreras. Se cruzan todas las fronteras.
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