—¿Me estás castigando? ¿Es eso? —quisiera decirle la verdad, pero soy más cobarde que él. —Val, no te vayas. —junta sus manos y se arrodilla ante mí. Mis ojos se abren como platos. —Haré lo que sea para que me perdones y volvamos a ser lo de antes. —niego con el corazón rompiéndose en miles de pedazos.
—Lo lamento, Mat. —paso por su lado, conteniendo un jadeo de dolor y salgo de su casa.
No tengo cara para reclamarle cuando soy peor que él. Me justifico pensando que estoy dolida por sus mentiras, cuando en realidad estoy aterrada por lo que me llevo conmigo. Me repito mil veces que es mejor que no lo sepa… si se llega a enterar de que soy la razón por la que nunca va a conocer a nuestro bebé, no me lo perdonaría.
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