Es el segundo libro de la Bilogia Rome, donde los gitanos Asís continúan su historia y Jade se enfrenta a nuevos obstáculos para conseguir su verdadero destino y su verdadero, amor.
El tiempo había transcurrido en nuestras vidas, cada uno marcando su camino, cada uno trato de sobrevivir y amoldarse a la baraja de juego que la vida presentaba…
Él, hacía mucho había decidido convertirse en acero, sin permitir que nadie ni nada entraran, su muralla infranqueable no sería derribada, no perdería todo de nuevo. Su alma, había sido congelada, se había jurado así mismo jamás confiar en alguien, nunca confiar sus sentimientos ni demostrar sus emociones, pues gracias a eso ya había quedado expuesto a demasiadas humillaciones e inmundicias. Había muchas razones para ser llamado Acero, para que su verdadero ser se acoplara a ese nombre, su vida era gris y fría, sin apegos, sin sueños, tan exacta como aquella aleación de metales. Solo estaba lleno de avaricia, ambición en su trabajo… Pero no contaba con que la vida le plantaría cara, dándole una nueva oportunidad, enseñándole una lección de la cual, esta vez, no podría escapar, y que aquellos ojos de jade, lo haría cambiar todo… Algunas veces la vida quita algo que nunca pensaste perder, para darte algo que nunca pensaste tener. Todo obra para bien.
Ella estaba sumida más allá de la oscuridad, perdida en su propio ser, siendo devorada por la culpa y sus demonios. No había treguas, no había descanso para su alma, para su corazón sangrante… Había aprendido a esconderse en sí misma, a no permitir que nadie de su familia ni amigos, lograran traspasar aquél campo minado en el que se encontraba. Sabía que si lo permitía serían arrastrados hacia esa espesa negrura en la que pasaba sumergida sus días… Tres años, tres años había transcurrido y no había nada en su vida a lo que lograra aferrarse, nada que de diera motivos para luchar con la opresión que la afligía… Hasta que una lluvia de estrellas, fue vislumbrada en una mirada medianoche, haciendo que su caída continua cesara, haciendo que su mundo girara de nuevo, haciéndola recuperar el aliento, y logrando calentar el acero.
Algunos dicen que nuestro destino está atado a la tierra, que es tan parte de nosotros, como nosotros de él. Algunos dicen que no podemos cambiar nuestra suerte, que el destino no nos pertenece… Pero yo sabía que no era cierto. Nuestro destino vive dentro de nosotros… solo necesitamos tener suficiente valor para verlo.
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