Hace unos diez años, cuando las antologías estaban de moda y yo luchaba contra un bloqueo que creía literario (aunque no me faltaba inspiración, pero el pánico a enfrentarme a la página en blanco era muy real), me aferré a cualquier «excusa» que me ayudara a volver a escribir. Por casualidad, por suerte o por destino, en mi viaje a la Expocon de Zaragoza en 2013 conocí a un buen puñado de compañeros de letras, varios de los cuales me propusieron, meses más tarde y a lo largo de los cuatro años s
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