En ocasiones uno anda perdido, desbrujulado, como sin saber a dónde ir, ni por dónde te vienen los tiros o las flechas. En estos tiempos, de tan farragoso e interesado fuego cruzado, es normal que el despiste y la duda ahonden en vuestra desconfianza. Algunos caeréis en la tentación de no abrir los oídos por la comodidad de no escuchar. Quizá el desánimo os venza, y mientras cerráis los ojos os perdáis la inequívoca verdad que os vengo a presentar. Pero yo que vosotros me lo pensaría mejor, y no
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