Cuentan que, en una época anterior, el soberbio rey Numa decretó asesinar a la misma Muerte, pues ansiaba para sí la vida inmortal.
De modo que, un buen día, convocó a sus leales consejeros y les ordenó llevar a cabo tan ardua empresa.
Cumpliendo la voluntad de su rey, los paladines partieron al oeste, hacia los confines de la tierra. Allí, los más valientes hallaron la entrada al Inframundo.
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