El nombre de la lluvia me recuerda el recuerdo,
un breve momento que intuyo no ocurrió.
Busqué sus labios en eneros sempiternos,
en la prosa de una nube que lloró.
Y cuando fui contando las piedras de tu camino,
descubrí rosales marchitos por el viento,
y aldeas escondidas en pavimento,
donde tus ojos me guiaron con fruición.
Develé un jardín de sombras,
donde frutos de extrañas ramas,
brillaban en los cuerpos desnudos del sol.
Ya los rayos de la mañana no cantan tus deseos,
como lo
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