Nos empeñamos día a día en ser lo que no somos, tenemos la necesi-dad de ser aceptados por los demás de tal forma que somos capaces de anularnos nosotros mismos con tal de que los demás nos acepten y nos den el privilegio de estar a nuestro lado.
Pues no…señores y señoras. No estoy dispuesto a vender mi alma por un saludo, por una amistad, por un hola, por un abrazo o por una palmadita en la espalda. Nunca lo he hecho y nunca lo voy a hacer. Me parece vergonzoso y éticamente reprobable el venderse a sí mismo como lo que no eres.
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