Ana y Pedro viven juntos en una habitación de alquiler, sin más ingresos que una asignación que la abuela de él les pasa cada mes. Cuando la abuela muere, viéndose en la calle, van a ver a un brujo. Éste les hace un conjuro y les da un número que tendrán que usar o perseguir para cambiar su suerte. Su vida, en esta nueva situación, adquiere intensidad y expectativa. El camino de las cifras les conduce a un desenlace trágico en el que Pedro muere. Ana vuelve a ver al brujo y éste le revela que el conjuro en realidad consistió en transferir toda la fortuna que le quedaba por vivir a Pedro hacia ella, que era lo que él le había pedido que hiciera. Ana así comprende el enorme regalo recibido.
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