Y cómo es que nunca cambiaron el bombín, aunque de su interior no lograran extraer nada más que un pequeño ratón asustado que corría a ocultarse en el bolsillo raído del viejo mago, a pesar de lo poco práctico que resultaba cuando su compañera lo depositaba en el suelo, boca arriba, y oscilaba titubeante a cada golpe de cada moneda arrojada por el apresurado público. Y de que, al caer la tarde, cuando recogían el hongo y cuadraban caja, apenas les alcanzaba para comprar un bollo de pan y algo d
Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 4.0