Era de noche y Damián corría campo a través bajo la incesante lluvia, acercándose a la única casa que había a su alrededor, que era de aspecto señorial y parecía abandonada. No recordaba cómo había llegado allí, ni por qué había escogido aquel lugar, sólo sentía una poderosa atracción en su interior. Con la tormenta rugiendo furiosa, llegó hasta el porche de la casa y abrió la puerta de entrada, que con un sonido chirriante le permitió acceder a las oscuras entrañas de aquel lugar. Cuando anduvo
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