No elegí nacer. No elegí vivir en el seno de una familia desestructurada. No elegí a mis padres, ni a los que debían hacer sus funciones. No elegí a mis abuelos, pero los elegiría de nuevo si tuviera la oportunidad de hacerlo. No elegí a mis hermanos; ni siquiera a mis tíos, a los que, sin embargo, adoro. No elegí crecer entre insultos, humillaciones y golpes. No, no lo elegí. No elegí muchas decisiones que tomé, como tampoco muchas de las cosas que me vi obligada a hacer. Sí elegí a mis amigos en cada etapa de mi vida. No elegí con quién estar en cada momento, pero sí con quién disfrutar mis alegrías o compartir mis penas. Elegí también el camino de la vida que quería tomar y, en la medida de lo posible, la compañía para ello. Por eso quiero elegirte a ti, que tienes mi historia en tus manos, para que recorras conmigo ese camino que me ha llevado hasta ser quién soy y ser cómo soy. Porque estoy convencida de que merece la pena hacerlo a tu lado.
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