Se auto ayudó quien que lo escribía; pero no sé qué efecto tendrá en quien lo lea. Cada día miré alrededor y todas las cosas que me daban ganas de llorar las escribía al revés, tal y como deberían ser en el Cielo. Es la Divina Comedia de un hombre sencillo. Yo, en aquellos años, no creía en Dios para no tener que odiarlo. Ahora que lo veo sonreír, no puedo evitar amarlo.
All rights reserved