Y al abrir los ojos al día siguiente,
serás tú mi primer pensamiento.
Allí...
en ese preciso momento,
entre sábanas y soledad estarás presente,
pues, en ese sentido,
la vida me muestra
sin la menor indulgencia,
que entre ayer y mañana
para mí no habrán diferencias.
Posees una inefable
e irresistible sensualidad
color café en tus ojos,
grandes, pletóricos y brillantes,
rebosantes de alegría,
inquietud y vida,
capaces de seducir,
hechizar o doblegar
al más insensible,
ingrato e insensato
corazón humano,
pues fuiste erigida
con sumo gusto y mimo
por alguna celeste deidad
a la que por ello
rindo mis respetos
y entrego mi gratitud.
¿Podría usted repetirle
a este humilde servidor
ese hermoso gestoejercicio
musculofacial involuntario e improvisado
para así magnificar
tan sublime e irrepetible instante
que logra impregnar de colores
y fantasías mi alma soñadora?
Gracias.
Estaría dispuesto
a volver a luchar por ti contra todo.
A entregarte cuanto soy,
tal como hice ayer.
A renacer del lodo
y rehacer cuanto fuimos.
A destapar aquellos sueños rotos
y reparar juntos
sus miles de astillas y pedazos esparcidos,
pero, debo ser realista,
con el alma herida despedirme
y olvidar los rescoldos
de aquella quimera,
una utopía que aún habita
y se agita en mi interior,
esa estúpida,
ciega e inocente esperanza
que aguarda algo que sé
que jamás se materializará,
esas anheladas palabras
que nunca pronunciarás...
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