Todo el relato es un monólogo interior. Un hombre despierta, se percata que está en el suelo y que no puede moverse, aunque si capta que su mejilla está contra el suelo, pues ve todo inclinado. Frente a él hay una multitud que grita y vocifera, mirándolo, pero no les entiende, no escucha con claridad, escuchando más que nada un zumbido y un retumbo. De a poco se da cuenta que no siente las extremidades de su cuerpo, pero si mantiene sus sentidos, ya que puede ver, oír y sentir un hilo de líquido que corre por su boca y mover un poco sus labios, Tampoco siente dolor alguno y no puede tragar. De a poco se van aclarando las voces que le llegan de la multitud, de los que describe a algunos, reconociendo entre medio a Claudette, su amada, la que solo le mira, con tristeza. Intenta llamar su atención moviendo un dedo o una mano, pero no lo consigue. También intenta llamarla gritando su nombre, pero tampoco puede. De pronto siente que tiran de sus cabellos y le levantan, cambiando su vista, la que va girando; de la muchedumbre pasa a las puertas de la catedral, al cielo y luego a los bordes de lo que parece ser una tarima de madera sobre la que se encuentra. Se van aclarando los gritos y disminuye el zumbido, aunque de todas formas no logra distinguirlos. De pronto nota una estructura sobre la tarima, la que parece un alto y angosto marco de ventana, sin vidrio alguno, y bajo la cual hay un cuerpo y una poza de sangre. Se horroriza e intenta gritar, pero ningún sonido sale de su boca (entonces se acelera el final del relato, revelándose la situación).
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