Dos hermanas, Rosa y Eva, enfrentan la muerte de su madre y todos los preparativos y gestiones que esto conlleva.
A pesar de que su madre dejó todo preparado para su entierro, incluyendo el traje que deseaba ponerse, un malentendido lleva a las hermanas a vestirla con uno erróneo: un traje de faralaes.
La situación se complica en el velatorio, donde los comentarios sobre el atuendo de su madre desatan la frustración de Rosa y la negación de Eva. Rosa, desde el dolor y el amor a su madre, se siente en la obligación de defenderla y honrarla delante de todos. Esta situación desbordada acabará con una sala conmovida que grita al unísono: Viva Doña Asunción (la muerta) y Viva Pamplona (la tierra de esta mujer).
La historia continúa con Rosa y Eva en el monte en un emotivo y cómico intento de esparcir las cenizas de su madre, donde un nuevo contratiempo revela que las despedidas no son fáciles y que cuando alguien muere, “algo suyo se queda pegado a nosotros”.
En la última secuencia, descubriremos que la última voluntad de la madre no ha sido cumplida, pues el traje que ella quería vestir en su adiós sigue en el armario. Un final que sugiere que a pesar de los errores y malentendidos, hay un camino hacia la aceptación y el cierre.
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