Tanto se ha escrito sobre la vida de José, el hijo de Jacob, el de la historia fundacional del pueblo de Israel, que parecería una redundancia escribir algo más.
Sin embargo, Dios me ponía a consideración muchos aspectos de su vida, sus circunstancias, y me desafiaba en mi vida personal.
Este texto, es simplemente un “pasar en limpio” para compartirte esas ideas.
Te animo a que permitas que te inspire, te desafíe y si aún no conoces al Dios de los siglos, al creador de todo lo que existe, puedas conocer un poco más su persona, sus acciones y llegues a tenerlo como tu principal amigo.
Aunque hoy día suene como una frase manoseada y carente de sentido, “Dios te ama”, y dice en la Biblia que a los que aman a Dios (que responden a ese amor) “todas las cosas les ayudan a bien”. La vida de José, sin ninguna duda, es un claro testimonio histórico de que así fue.
Leí que cierta vez le preguntaron a Lutero (el reformador) si había alguna prueba científica, contundente, irrefutable, que demostrara la existencia de Dios, el Dios del que él tanto hablaba. Por supuesto respondió: “El pueblo Judío”.
“Mandó hambre a la tierra de Canaán, y cortó la provisión de alimentos. Luego envió a un hombre a Egipto delante de ellos: a José, quien fue vendido como esclavo. Le lastimaron los pies con grilletes y en el cuello le pusieron un collar de hierro. Hasta que llegó el momento de cumplir sus sueños (lit.su palabra), el SEÑOR puso a prueba el carácter de José. Entonces el faraón mandó a buscarlo y lo puso en libertad; el gobernante de la nación le abrió la puerta de la cárcel. José quedó a cargo de toda la casa del rey; llegó a ser el administrador de todas sus posesiones. Con total libertad instruía a los asistentes del rey y enseñaba a los consejeros del rey. “
Salmos 105:16-22 (NTV)
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