Como maestro de la ironía que, personalmente, considero ser, he de admitir la belleza de las últimas palabras que salieron de tus labios antes de darte cuenta en el monstruo en que me había convertido…
“No dejare de bailar sobre tu tumba hasta que tu alma grite de dolor, hasta que las entrañas de la tierra la escuchen y decidan engullirla para siempre, para que se pierda, para que permanezca en el olvido eternamente. Porque solo te mereces eso, el olvido”
Adivina que… jamás tendré el olvido; por
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