Fotografía de Xoel Gómez Losada
Allí crecían los árboles vertidos. Las ramas vivas por los dientes que mostraste al sonreír cuando aún temblaba tu gesto al ver el mío. Las raíces se perdieron en tu boca pero hay cortezas que no precisan de alimento, que viven porque el recuerdo late en sus estrías y añoran el tacto un día trémulo, buscándolo a base de follaje que alcance el otro lado, el otro borde donde encontrar de nuevo una sonrisa o siquiera un mordisco.
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