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10113 results found for tag:"prosa".
2504271591260
Beatrice entre sombras
04/27/2025
Ainhoa Escarti Bárcena
relato de terror
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2502010775018
El profesor de matematicas que tocaba al piano
02/01/2025
Ainhoa Escarti Bárcena
novela
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2502010775025
portada
02/01/2025
Ainhoa Escarti Bárcena
novela
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2412200424308
24.Fusión©
12/20/2024
jpellicer; loboviejo,
Recopilación y fusión de trabajos realizados y publicados en el año 2024.
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2411240188867
Querida miniyo
11/24/2024
Ainhoa Escarti Bárcena
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2411160115615
destellos de grises
11/16/2024
Ainhoa Escarti Bárcena
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2410239901753
Las palabras que quisieron ser
10/23/2024
Ainhoa Escarti Bárcena
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2410039685792
¿Quiénes somos? - Versión 7
10/03/2024
Amada
https://valentina-lujan.es/V/versi7.pdf La respuesta no parece, en un principio, que pueda resultar problemática; no tiene uno, o una, o un hatajo ― o una multitud por aquello de no ningunear a género alguno de especímenes ― más que llegar y decir pues yo o nosotros o nosotras somos Fulanito de Tal, o Perenganita de Cual, o estos/as o los/as otros/as o los/as de más allá e hijos/as, todos/as y cada uno/a, de nuestros/as respectivos/as padres/as... No, mira, ahí nos hemos equivocado, pero en un alarde de humildad y de saber no ocultar nuestros errores lo vamos a dejar como está y seguir, como si tal cosa, aunque saltándonos - eso sí - las obviedades que todos damos por sentadas en lo que concierne a nuestros semejantes que, como si vamos al diccionario de sinónimos encontraremos que son "similares", o - eso también - "parecidos/as", a nosotros/as mismos/as, ¿no?, que es de quienes estamos hablando si no hemos perdido el hilo y, por tanto, portadores/as tanto unos/as como otros/as ― aparte de "de valores eternos", que también se da por sentado ― de obviedades tan nada diferentes de las propias que para qué repetirlas, nosotros, por puro sentido común y del ahorro, nos atenemos a la más estricta de las lógicas y no las repetimos… ¿O sí lo hemos perdido? El hilo, que sería lo grave; porque el sentido común ― ¡una cosa tan corriente! ―, cuánto ni qué puede importar cuando, además, nos queda el propio, de infinitamente mayor enjundia y entidad. Y si lo hemos perdido, Dios no lo quiera, sí que la habremos liado porque nos pasará como, hace apenas unos días sin ir más lejos, nos sucedió a nosotros en nuestras propias carnes mortales cuando buscando… pues qué podía estar siendo, que así al pronto no caemos… Bueno, pues no sabemos, pero un destornillador... ¿Qué estábamos diciendo? Ah, ya: que para coger la pinza de la ropa con que sujetar el estor averiado del cuarto de estar y poder así abrir la ventana… Pero tampoco vamos a extendernos en eso porque, nos figuramos, quien más quien menos ya cuenta con sus trucos propios para abrir sus ventanas. Además, la ventana la terminábamos de cerrar; así que, la pinza… Bueno, mira: es igual. El caso es en resumidas cuentas que fuera por la razón que fuese buscábamos algo y derramamos, sin quererlo, la copa de algún néctar repuntado que nuestra memoria se obstinó en despertar como ambrosía… Y la dejamos hacer… La dejamos hacer y, con deleite, aplicamos el néctar con las yemas de los dedos en las sienes, y en el cuello, y detrás de las orejas y en la frente, y aspiramos el olor evanescente del antaño mientras se demoraba ella por entre los jirones de las tardes ociosas en que éramos algo que la última vez que alguien lo mencionó ya dio problemas porque ― la más paliducha de las Valderrama ― que pero, bueno, eso es muy elástico… – ¿Elástico? ― Doña Petrona ― ¿Cómo cuánto exactamente de elástico? –Como muchíssssimo― acompañando su ese tan larga, la otra, con un movimiento amplio y lento de la mano. – ¡Vaya por Dios! ― cabeceando ésta como quien se contiene para no exclamar ¡lo que hay que oír! Y, girándose a su propia hermana ―: ¿Qué te parece? Y la hermana se limitó a ladear un poquito la cabeza y volverla a enderezar como queriendo dar a entender “ea”. –“Ea” ― doña Petrona ―, no; Cordelia. – Pero, ¿cómo ― la Valderrama ― que ea, no? –Pues como que no, sencillamente. –Mira, Petrona, yo tengo mucha, pero que muchísima correa, pero, si hay algo que verdaderamente me fastid… Porque, ¿quién no ha sido, si es que alguien me lo puede explicar, algo a lo largo de su vida alguna vez? –Ya. Si no ― doña Petrona ―: si algo sí. A lo que voy es a que… –Lo que ella está queriendo decir ― la Valderrama paliducha también pero algo menos, dando a la hermana suya unos suaves golpecitos con sus dedos en el antebrazo ― es que quién no ha sido algo alguna vez aunque no fuera lo que estuviese deseando fervientemente ser… –Ah ― la paliducha se calma; se calmó, pero sólo durante unos segundos que empleó en hacer un stop ―: ¿Y alguien conoce, personalmente a alguien que… –Pues Hiparquito. – ¿A quién conoce Hiparquito? ― Inquisitiva, irreductible; manteniendo la velocidad en ciento treinta… –A nadie, Sansevieria ― la Valderrama paliducha pero menos es, era, infinitamente más paciente. Y le explica ―: Nosotros, todos, conocimos a Hiparquito… – ¿Y qué le pasó? –Bueno ― Petrona ―, nos contaron que le dio algo al coraz… –Ya – la Valderrama levanta un poco el pie y otro...
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2409159444464
Para algunas cosas prestaba mucha atención
09/15/2024
La Verdaguer
https://valentina-lujan.es/laloli/paralgunasco.pdf a los detalles, sobre todo en el trabajo, no renunciando jamás y por apurada que estuviese a presentarse impecable y puntual y por más que en no pocas ocasiones fuera requerida en distintos lugares y un mismo instante; que bien podría, a quien más quien menos, parecer imposible el comparecer; pero, ella, con aquella su habilidad tan especial Llegado a este punto no había lector ni lectora al ni a la que no le temblase la voz; la señorita, entonces, prestando no menos atención a que tampoco a ella le temblara la suya, se volvía al encerado y, borrando la traducción del latín de algún fragmento de la batalla de Octoduro o alguna ecuación sin ni fijarse si era diferencial o no, decía podéis cerrar el libro y abrir el cuaderno de
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2409159444389
Frente al tocador
09/15/2024
Gracia Clotilde Espinosa
https://valentina-lujan.es/Dbre10/Laloli2.pdf La tía viuda de las de Vinuesa sorprendió a la Loli — perdón, era al revés pero las del Nuestra Señora Santa María nunca hacemos tachones —cuando estaba sentada frente al tocador poniéndose la gargantilla con el camafeo ribeteado de brillantitos. A los noventa y cuatro años estaba muy bien – aunque no era viuda y además había sido hija única, pero como si la llamábamos de cualquier otro modo siempre había alguien que se hacía un lío y “¿y esa quién es?, que no caigo ”, se advirtió a las de Churruca de que siempre que la nombrásemos así debían entender que era su tía, la hermana mayor de su (difunto ) padre –, con la cabeza muy en su sitio y la costumbre desde hacía por lo menos treinta y cuatro de ir todos los miércoles por la tarde tanto en invierno como en primavera o en otoño (porque los veranos los pasaba en Saint-Tropez aun a pesar de haberle rogado que se quedase en Cercedilla, mucho más fácil y tan cerca; pero se negó como tenía un temperamento tan especial) a jugar a la canasta con sus amigas. Aquel día, ya porque no fuese miércoles ya porque faltasen unos minutos para las cinco y cuarto que es la hora a la que la una se levantaba invariablemente del sillón después de dar una cabezada o pasasen de las seis y diez y la otra hubiese ya salido con la criada que la acompañaba a todos sitios, no era de prever que tuvieran que coincidir justo ahí y en ese instante. Pero ahí estaban; se fijó la una en que con los pendientes largos de pedrería tan vistosa y los labios pintados a juego ― porque la Loli para algunas cosas prestaba mucha atención a los detalles ― con las uñas de los pies calzados con sandalias de un fucsia casi morado de azul celeste decorado el gordo con florecitas siempre y, la otra, echando ojeadas furtivas a algún lugar cerca de la ventana. Asomando una un poquito la cabeza por detrás de la cortina que separaba el vestidor del pequeño gabinete donde se guardaban, en un cajón del secreter, algunas cosas de capricho y otras chucherías que una u otra consumía – no había manera de “quitarte esa costumbre tan tonta, cuando qué ni quién te lo impide; que como si quieres hartarte” ― a escondidas y, la otra, en el espejo a su espalda. – ¿Qué haces ahí? ― le preguntó. – Nada ― contestó. – Te habrás pensado que soy tonta. – No sé por qué dices eso. – “No sé, no sé” ― dándose un toquecito de “rouge” en las mejillas y, tras un profundo suspiro, como si estuviese enormemente cansada ―: ¡Si una hablase! – ¿Y qué necesidad hay de hablar, si tú y yo nos entendemos con un cruce de miradas? – Eso, mira, es verdad. Expurgó con el índice por entre las menudencias del joyero, con la uña con su medialuna impecable en rosa pálido un poco perlado apartando esto o aquello como cuando antiguamente se quitaban las piedrecillas limpiando las lentejas, para una vez decidida por unos aretes de zafiros pequeñitos pero que se les veía cosa de valor musitar en tono casi inaudible “qué tiempos ” y, poniéndose el de la oreja derecha: – ¿Vas a llevarme? – ¿Hoy, precisamente? – Bueno ― contempló pensativa el arete como si no lo hubiera visto nunca jugueteando con la pedrería barata del suyo; siempre la había irritado un poquito aquella forma peculiar de estar, de decir, despaciosa y negligente como si nada le pesara nunca para, al fin, añadir ―: Como Rosa se marchó anoche a su pueblo por lo de la comunión de la nieta, pensé que… Bueno, siempre dijiste que querías estar… ¿No es cierto? – ¿Así que era eso? – ¿Y qué otra cosa podía ser? – Yo que sé – valoró con un ojo el efecto de la ajorca puesto el otro, con un punto de desconfianza, en el cajón de arriba del secreter junto a la ventana; luego suspiró y sacudiendo la cabeza ―: Cosas mías; no tiene importancia. – Es muy amable por tu parte, de todos modos, el haberme pensado; pero, no. – Pues muchas gracias. – Claro, que… Para la falta que hace una en ninguna parte. – Aunque ― se acarició el pendiente, cavilosa, como dubitativa no sabiendo si… ―, y que como las prisas para nada son bue… ¿verdad?, no está de más que te tomes tu tiempo. – ¿Yo? – ¿Hay que ponerse mordaz? – No; no es eso. Porque se llevaban muy mal y se culpaban ― decir “mutuamente” o “respectivamente” sería mucho afinar; pero que se llevaban fatal sí que era fijo y con admitirlo solía bastar ― en silencio de comerse a escondidas los bombones y las frutitas glaseadas que solían estar, mientras duraban, junto a unos guantes y un abanico que apenas se usaban salvo para ocasiones muy especiales y lo que solía denominarse “plena temporada”; pero la temporada...
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2409149420683
Semblazas de la Loli - 2
09/14/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/laloli/Laloli2.pdf – Es muy amable por tu parte el haberlo pensado; pero, no. – Pues muchas gracias. – De todas formas, para la falta que hace una en ninguna parte… – De cualquier modo ― se acarició el pendiente, cavilosa, como dubitativa no sabiendo si… ― no está de más que te tomes tu tiempo. – ¿Hay que ponerse mordaz? – No; no es eso. Porque se llevaban muy mal y se culpaban ― decir “mutuamente” o “respectivamente” sería mucho afinar; pero que se llevaban fatal sí que era fijo, y con afirmarlo solía bastar ― en silencio de comerse a escondidas los bombones y las frutitas glaseadas que solían estar, mientras duraban, junto a unos guantes y un abanico que apenas se usaban salvo para ocasiones muy especiales y lo que solía denominarse “plena temporada”; pero la temporada no estaba siendo aquella tarde plena ni para lo uno ni para lo otro: para los guantes porque eran de esos largos de hasta por arriba del codo, en seda roja concretamente de los que suelen llevarse con muchas sortijas de brillantones por encima y mucho escote y, además, aunque hubiesen sido de tafilete o de cabritilla normal, apuntaba ya desde el amanecer el característico tiempo hermoso propio de la época; para el abanico tampoco porque, aunque las tardes empezaban a ser largas, la temperatura daba gusto pero no tanto como para necesitar darse aire. Había que inferir ― si se tiraba por lo grande, que en plan sencillo se admitía bastante bien “entender” o “comprender” o, en plan de medio lujo aunque sin demasiadas pretensiones, “deducir” ― por tanto o así las cosas que si no era ni verano ni invierno nada más que podía estar siendo primavera u otoño y que, en consecuencia, ni el abanico ni los guantes eran objeto de las miradas furtivas al cajón de arriba del secreter de junto a la vent… – ¿Qué es, entonces? – Bah, déjalo, cosas mías… Que la Brigitte lleva unos días que no sé… Pero no anda muy…
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2409129396564
La tía viuda de las de Vinuesa sorprendió a la Loli
09/12/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/laloli/latiaviud.pdf sorprendió a la Loli cuando estaba sentada frente al tocador poniéndose la gargantilla con el camafeo ribeteado de brillantitos − Vaya. Al fin nos encontramos. Y que qué sorpresa − No te esperaba tan pronto. Y que qué pronto. Con los pendientes ahora, de rubíes, valorando si no serían demasiado largos o si conjuntarían bien con − Pues, yo, lo que son las cosas, fíjate, llevo siglos esperándote. Siglos. Remedados entre dientes y una sonrisilla que − Largos, sí. Y que qué manera de exagerar − ¿O mejor los de zafiros? — cambiando de perfil, frente al espejo demasiado rococó, para su gusto tan… — ¿Y tú cómo lo ves? Y que con cagadas de mosca − Es que, estas criadas de ahora. Pero que se estaba refiriendo a − Ah. Y que pues, en tal caso, un poquito fuera de lugar los dos − ¿Y qué mejor lugar que unas orejas para unos pendientes? Hizo memoria, pero como no se le vino a la cabeza nada que − La punta de la nariz, el labio, el ombligo, un pezón. Pero que, a mí, dijo, esas cosas tan, como que no − Grima, dentera, repelús. Y que pero que tú, ¿verdad?, le dijo, no los llevarás en − Habrá, cháchara y gustos tan dispares aparte, que ir espabilando ¿No? Echando una mirada al reloj de pulsera, la una − Las cuatro veintinueve a.m. Y ojeadas furtivas al almanaque, la otra − Treinta. Y que pues justo y cabal. El momento ideal para lo que, dijo, nos ocupa − Te ocupará a ti. Porque a mí imagínate tú. Se quitó, no sin un algo de pesar, los dos pendientes − Mejor, sí. O que unas perlas, si acaso − Porque para un traje, imagino, cómodo de viaje. Pero del calzado que no se preocupara − Total, para total ni un paso que vas a dar. Para, tras un instante de reflexión concretar, que paso sí, pero que no − Te había entendido, que tonta no estoy. Y que con los bombones y las frutitas glaseadas qué − Pues la Brigitte, que los lleve la Brigitte. Tan ligero equipaje − Para tan largo viaje. Y salieron por la puerta canturreando − ¿Echamos la llave? Y que si había algo que siempre me ha gustado de ti, le contestó, era su sentido del humor
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2409129395413
Aquellos hoyuelos que se le marcaban
09/12/2024
El intruso
https://valentina-lujan.es/laloli/aquellosoyuelos.pdf y que “hubiera sido una verdadera gloria tan sólo verlos si no fuera por”, decía pasándose con lentitud un pañuelo por la frente algún viejo que, de inmediato, era amonestado por cualquier otro coetáneo — sentado en el mismo banco a la misma sombra del mismo árbol a la misma hora de la misma siesta del mismo día del mismo verano — que, más precavido, advertía sobresaltado de que “a esa tal Gloria” y por mucho que lo fuese y aun bendita, mejor ni mentarla.
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2409019291573
El profesor de matemáticas que tocaba el piano
09/01/2024
Ainhoa Escarti Bárcena
novela
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2406238362756
Semblanzas de la Loli (La Loli 1)
06/23/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/laloli/Laloli1.pdf La Loli sorprendió a tía viuda de las Vinuesa perdón, era al revés pero las del Nuestra Señora Santa María nunca hacemos tachones cuando estaba sentada frente al tocador poniéndose la gargantilla con el camafeo ribeteado de brillantitos. A los noventa y cuatro años estaba muy bien – aunque no era viuda y además había sido hija única, pero si la llamábamos de cualquier otro modo siempre había alguien que se hacía un lío y “¿y esa quién es que no caigo?”; se advirtió, por tanto, a las de Churruca de que siempre que la nombrásemos así debían entender que era su tía, la hermana mayor de su (difunto ) padre –, con la cabeza muy en su sitio y la costumbre desde hacía por lo menos treinta y cuatro de ir todos los miércoles por la tarde tanto en invierno como en primavera o en otoño (porque los veranos los pasaba en Saint-Tropez aun a pesar de haberle rogado que se quedase en Cercedilla, mucho más fácil y tan cerca; pero se negó como tenía un temperamento tan especial) a jugar a la canasta con sus amigas. Aquel día, ya porque no fuese miércoles ya porque faltasen unos minutos para las cinco y cuarto que es la hora a la que la una se levantaba invariablemente del sillón después de dar una cabezada o pasasen de las seis y diez y la otra hubiese ya salido con la criada que la acompañaba a todos sitios, no era de prever que tuvieran que coincidir justo ahí y en ese instante. Pero ahí estaban; se fijó la una en que con los pendientes largos de pedrería tan vistosa y los labios pintados a juego ― porque la Loli para algunas cosas prestaba mucha atención a los detalles ― con las uñas de los pies calzados con sandalias, de un fucsia casi morado, azul celeste y, la otra, echando ojeadas furtivas a algún lugar cerca de la ventana. Asomando una un poquito la cabeza por detrás de la cortina que separaba el vestidor del pequeño gabinete donde se guardaban, en un cajón del secreter, algunas cosas de capricho y otras chucherías que – no había manera de “quitarte esa costumbre tan tonta, cuando qué ni quién te lo impide; que como si quieres hartarte” ― una u otra se comía a escondidas y, la otra, en el espejo a su espalda. – ¿Qué haces ahí? ― le preguntó. – Nada ― contestó. – Te habrás pensado que soy tonta. – No sé por qué dices eso. – “No sé, no sé” ― dándose un toquecito de “rouge” en las mejillas y, tras un profundo suspiro, como si estuviese enormemente cansada ―: ¡Si una hablase! – ¿Y qué necesidad hay de hablar, si tú y yo nos entendemos con un cruce de miradas? – Eso, mira, es verdad. Expurgó con el índice por entre las menudencias del joyero, con la uña con su medialuna impecable en rosa pálido un poco perlado apartando esto o aquello como cuando se quitaban las piedrecillas antes limpiando las lentejas, para una vez decidida por unos aretes de zafiros pequeñitos pero que se les veía cosa de valor musitar en tono casi inaudible “¡qué tiempos!” y, poniéndose el de la oreja derecha: – ¿Vas a llevarme? – ¿Hoy, precisamente? – Bueno… ― contempló pensativa el arete como si no lo hubiera visto nunca jugueteando con la pedrería barata del suyo; siempre la había irritado un poquito aquella forma peculiar de estar, de decir, despaciosa y negligente como si nada le pesara nunca para, al fin, añadir ―: Como Rosa se marchó anoche a su pueblo por lo de la comunión de la nieta, pensé que… – ¿Así que era eso? – ¿Y qué otra cosa podía ser? – Yo qué sé – valoró con un ojo el efecto de la ajorca puesto el otro, con un punto de desconfianza, en el cajón de arriba del secreter junto a la ventana; luego suspiró y sacudiendo la cabeza ―: Cosas mías; no tiene importancia. – Es muy amable por tu parte, el haberlo pensado. Así que de todos modos muchas gracias. – ¿Hay que ponerse mordaz? – ¡Por qué serás tan mal pensada! En vez de contestarle se pegó, como quien dice “pelillos a la mar”, un tironcito de la falda, demasiado estrecha y demasiado corta; taconeó hasta el cajón del secreter y agarró con resolución la cajita de las frutas glaseadas. Acto seguido se giró y explicó “no te lo tomes a mal; sé que es difícil entenderlo pero lo hago por ti”. – ¿Por mí? – Bueno… — se mordisqueó el labio y jugueteó no supo si por ganar tiempo con uno de los bucles aun...
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2405288117293
prosas veRsibles - Catálogo 2024-06
05/28/2024
Antonio Guerra Alvarez
Catálogo de la exposición "prosas veRsibles" de Antonio Guerra celebrada durante el mes de junio de 22024 en la sala "Emilio Álvarez" de la Taberna "La Fuenseca"
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2405268097140
Distintivo a
05/26/2024
Señorita Berta
http://valentina-lujan.es/C/marquitoa.pdf 4 Se quedó, a qué negarlo, un poco pensativa Se llega desde 11 con distintivo d en Versión original e íntegra con enlaces Pero para retroceder tiene que ser porque a la casilla en que el jugador está llegue otro jugador desde otra casilla (ver norma casilla ocupada aquí) siempre anterior. Y como un siete no le puede salir jugando con un solo dado sólo puede ser porque le saliese un uno, y de oca a oca saltase al número 9, y al tocarle tirar le saliera un dos.
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2404287809796
Versaciones de un chupaplumas - Capítulo 1º
04/28/2024
Pelayo Pelaz Peláez
http://valentina-lujan.es/V/vercapiprime.pdf Este primer capítulo podría comenzar diciéndose cómo la puerta se cerró con lo que — si no fuera por temor a incurrir en la deslealtad hacia el lector de tratar de mediatizarlo haciéndole concebir la idea de una Lola que, entendemos, no tenemos derecho ninguno a proporcionarle al objeto de no obstaculizar su propia elaboración del personaje — cualquiera que la conociese hubiera denominado “la inveterada suavidad con que se cerraban las puertas cuando era Lola quien las cerraba” y que yo, que quizás por no haber hablado todavía con mi amigo de las indicaciones que dejando a medio limpiar el polvo del respaldo del sillón me diera bajo el argumento de que al no ser ella de la profesión aportarían un toque de originalidad a mi trabajo no me percaté del móvil, corrí a abrirla de nuevo para preguntarle qué apuntes eran esos; pero que como ella no estaba ya en el descansillo la cerré de nuevo y que, no queriendo echar a perder la mañana atascado por algo que debía de ser puramente anecdótico habida cuenta de que yo no había oído hablar de ese hombre en mi vida, coloqué un folio nuevo en la máquina y traté de aplicarme a zanjar, de una maldita vez si era posible, un viejo dejar las cosas como estaban que se empecinaba en resistírseme so pretexto de que, por alguna razón que ya no recordaba, estaban difíciles. Podríamos continuar con que empero o sin embargo y llevando escritos apenas cuatro renglones mi propósito inicial se vio abortado cuando hube de levantarme para acudir a contestar el teléfono y con que, si continuásemos — que no vamos a continuar porque estamos hablando de cómo pudieron ser las cosas que no fueron —, al enfilar el pasillo sonó también el timbre; y decir que dudé, recuerdo, a qué atender primero y que me decidí recuerdo también por la puerta aunque no llegué a abrirla porque en el suelo encontré un sobre pero al mirar por la mirilla no vi a nadie; y que retomé con él en la mano el camino hacia el teléfono y que, cuando contesté, ella, sin saludarme siquiera — pero entendiendo yo que no lo estaría considerando necesario puesto que sólo hacía unos minutos que se había marchado —, me espetó en tono muy vivo un escueto “¿lo ha encontrado?”. Hubiera yo sin el menor empacho podido responderle que sí pero que “pero”; y nos habríamos colocado, tanto ella como yo aunque cabiéndome el mérito de haber sido el que diera pie al desarrollo de los acontecimientos, frente a la situación — tan en exceso explotada por tantos escritores que ya no causa sensación a lector alguno por tan enteramente previsible — de mantener un diálogo completamente absurdo basado en la errónea interpretación que ella diese a mi “sí” dando por hecho que yo me estaba refiriendo al destornillador por el que en realidad ella me estaba preguntando y replicando, a su vez, que habida cuenta “de lo torpe, y perdone, que es usted para todo lo que tenga que ver con la tecnología” le parecía del todo prodigioso. Y que me felicitaba. Pero, ya digo, proceder de ese modo nos daría la sensación de estar echando mano de un cúmulo de lugares comunes; de modo que no vamos a hacerlo...
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2403067252425
Una ventana entreabierta de la vida en octosílabos
03/06/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/U/unaventanaentreabierta.pdf Una ventana entreabierta, una mentira encubierta, el silbar de una sirena, el collar de una condesa, el olor a menta fresca, el deslizar de la inercia, la brevedad de una espera, el azul de unas ojeras, el arrastrar de cadenas, el incumplir las condenas, dos minutos y hora y media, aceitunas en salmuera, no divulgar las miserias, un jarrón con dos gardenias, el crepitar de una vela, un rencor que se alimenta, el sacudir de una estera, un caramelo de fresa, los zapatos de un hortera, el rodar de una calesa, un tomate en la nevera, tres naipes sobre una mesa, un pensar con la entrepierna, caminar sobre la arena, lo que cuenta una portera, un fuerte dolor de muelas, un sinsabor que desvela, una jarra de cerveza, una historia que se enreda, saber vencer la pereza, la reina de una colmena, los pulsos cuando se alteran, una comida grasienta, los intereses que imperan, el humear de una tetera, recuerdos que no concuerdan, cuatro puntos que se sueltan, los restos de una merienda, un propósito de enmienda, no tener nada de cena, cantar uno las cuarenta, una verdad que se niega, amonestar al que yerra, un perfume que fermenta, el bofetón de una afrenta, un pez en una pecera, una madre que se mienta, una llegada a la meta, un anfitrión que se ausenta, el césped de una pradera, la curva de unas caderas, un rótulo en una puerta, la rive gauche del Sena, un asomo de entereza, la ocasión que no se tercia, el perdón que se nos niega, una cesta con cerezas, un cuento que no interesa, forraje en una carreta, la mitad de una quincena, una asquerosa indecencia, un secreto que se inventa, una salsa que no espesa, dilapidar una herencia, alguien que llega y se cuela, un fiambre en la trastienda, un borracho que vocea, un camino que se estrecha, la traición que se sospecha, el balido de una oveja, tender ropa en una cuerda, un asomo de vergüenza, calentar unas lentejas, dos amantes que se enfrentan, no encontrar una pamela, un sonido que molesta, lograr algo por la fuerza, una barraca de feria, los ojos de una pantera, una puerta que no cierra, una rama de canela, un atardecer cualquiera, reírse como una hiena, anunciar la primavera, un puñado de monedas, una bata de franela, el fragor de una contienda, cierto peligro que acecha, una pizca de pimienta, una estúpida torpeza, unos pendientes de perlas, el honor de una doncella, un recuerdo que se aleja, un amor que se impacienta, una bola que no rueda, una sombra en una almena, un envejecer sin pena, los avances de las ciencias, un arco y ninguna flecha, la albufera de Valencia, una matrona que llega, un ramito de caléndulas, ponerse de vuelta y media, un tesoro que se entierra, llegar muy tarde a una fiesta, una caña que no pesca, un vendedor de pulseras, una oscuridad que aterra, los andares de una reina, algunos copos de avena, una herida que se venda, una tarde de tormenta, un torrente de tristeza, oler algo que alimenta, resistir mientras se pueda, un carnaval en Venecia, una observación certera, la carrera en una media, un feliz brillo de estrellas, una música sin letra, una copita de absenta, un eslabón que se suelda, ninguna huella en la arena, unas enaguas de seda, la solución de un problema, una mosca en una oreja, un pinchazo en una rueda, una cana en una ceja, un ciclista que se acerca, panales de miel de abeja, las noches de luna llena, la riña de una pareja, un aroma de verbena, un soldado cuerpo a tierra, un fulgor que reverbera, un despertar sin pereza, amortajar a una muerta, hacer trampa en una encuesta, incumplir una promesa, arrancar la mala hierba. La vida en octosílabos.
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2403067252074
Un recodo en el camino de la vida en octosílabos
03/06/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/U/unrecodoenelcamino.pdf Un recodo en el camino, los azares del destino, el caminar de un pingüino, el timbrazo de un vecino, un suspiro mortecino, el bordón de un peregrino, la llegada de un amigo, lo inmenso del infinito, la importancia de un delito, la congoja de un proscrito, un vaso y medio de vino, un recado intempestivo, un pensamiento furtivo, un payaso entristecido, los bigotes de un felino, un infausto sinsentido, un dictamen que ha prescrito, un cazador con mal tino, el fragor de un estallido, un antiguo pergamino, unos renglones torcidos, un derecho no divino, un revés no merecido, un profesor distraído, un adorno en un vestido, un amante que se ha ido, un columpio entre unos pinos, no importar algo un comino, una rueda de molino, un batacazo supino, un desplazarse cansino, la plaza que se ha rendido, la importancia de un olvido, el retraso de un pedido, un niño que está dormido, cuatro pelos de un flequillo, el incordio de un frenillo, el perfume de un frasquito, la trompeta de un mosquito, qué dice o calla el instinto, un amanecer distinto, una mañana de frío, unas minas de Riotinto, una rama de tomillo, un querer hacerse el listo, un reparto equitativo, un funcionario en activo, un malvado compasivo, un novio que se da el piro, un aceite de ricino, el cobijo de un mendigo, las aspas de un molinillo, arrastrarse por el limo, un niño con un cubito, tres cabezas de chorlito, el cimbrear de un abanico, una tarde de domingo, la fruta del paraíso, la cadencia de un ronquido, un penitente contrito, despertar con un respingo, una chaqueta de lino, el bolsillo de un abrigo, el rebuzno de un borrico, un cigarrillo extrafino, una fanega de trigo, las tres y media y no vino, el baile de unos malditos, una biblia de bolsillo, no sé si me has entendido, cuatro flechas de Cupido, un testigo protegido, un medio luto o alivio, un paciente enfurecido, el rufián de don Rufino, un miedo que se ha vencido, el candor de un pervertido, la peste que se ha extendido, durar menos que un suspiro, ingerir un comprimido, comprimir un amasijo, un acuerdo en un corrillo, las verdades que vomito, un toldo en un sexto piso, una ramita de olivo, por donde amarga un pepino, no ser uno de un partido, pilotar una vespino, ¿quién ha guardado el hornillo?, un creyente descreído, una puerta de servicio, la corteza del tocino, un fármaco sin precinto, conocer algo al dedillo, una ajorca y dos zarcillos, merendar un bocadillo, el color del cardenillo, llorar como un cocodrilo, un no darse por vencido, dos pulseras y un cintillo, una cuna y un cestillo, un colmillo retorcido, una tuerca y dos tornillos, una sopa de cocido, Melibea con su Calixto, un plato de bartolillos, abaratar un despido, cuidado con el bordillo, una muestra de cariño, el hogar de un campesino, ¿quién ha perdido un martillo?, no escuchar ningún sonido, un tenedor y un cuchillo, el humo de un cigarrillo, es estertor de un soplido, tantos intentos fallidos, ¡si uno lo hubiera sabido!, playa de Torremolinos, un contrato rescindido, ni pizca de raciocinio, la llamada de un sobrino, el manillar de un triciclo, un submarino amarillo, no soportar un suplicio, los Beatles en Portofino, un mirar el propio ombligo, un bucle y algún ricito, las palabras que recito, la oscuridad de un recinto, la suegra de don Jacinto, la merienda a que te invito, un participante invicto, un suceso no previsto, el plumaje de un cuclillo, la agudeza de un chillido, un sentimiento anodino, pimentón y oro molido, cumplir con lo prometido… La vida en octosílabos
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