Galicia profunda, años ochenta. En el pequeño pueblo de Santa Teresa de Fillol, la violencia se dispara sin motivo aparente y de forma desproporcionada. El comisario Honorato Sánchez sospecha que los crímenes de Santa Teresa tienen todos un nexo en común, pero nadie le cree porque los sucesos (reyertas, suicidios, atropellos, sobredosis, palizas, explosiones…) son tan dispares entre sí que la lógica contradice cualquier investigación convencional.
El misterio del pueblo maldito obsesiona al comisario en los ochenta y, años después, a su sobrino, el Inspector Jefe de la Policía Nacional del Distrito Sur de La Coruña, Javier Sánchez. Una obsesión que le adentrará en una espiral de corrupción y violencia, y que lo llevará a trasladarse a Barcelona, junto con el resto de su familia.
Paralelamente, el hijo del inspector, Pablo, intentará alejarse de la obsesión de su padre dejándose adoptar por un mundo que lo acepta con los brazos abiertos: las tribus urbanas y la noche barcelonesa de los años ochenta y noventa. Una Barcelona en la que el Raval aún se llama Barrio Chino y en la que rockers, punks, skins y heavies conviven entre borracheras, conciertos y peleas, y son testigos del fin de una era.
Pero veinte años después, convertido ya en un publicista de éxito, Pablo comprobará que huir de una maldición no es posible, y que Santa Teresa maldita nunca dejará a su familia en paz. No hasta que él mismo se enfrente a ella.
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